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Tareas de la ICL[1]

 

 

21 de julio de 1934

 

 

 

1. El Bloque de los Cuatro ha sido dejado de lado por la evolución hacia la derecha de sus participantes centristas, quienes, bajo la presión de la ofensiva fascista y de las nuevas "corrientes de masas" centristas, han abandonado la propaganda independiente por la Cuarta Internacional. Perdiendo la visión de conjunto, fracasan en comprender las enseñanzas de Marx y Lenin, creando la genial teoría de las combinaciones sin principios y la propaganda mediante el silencio.

Como tal, el Bloque de los Cuatro fue un paso indispensable en el camino hacia una Cuarta Internacional; paso que podrá y deberá repetirse a un nivel superior. Sin embargo, no deberíamos cerrar los ojos ante el hecho de que, desde la muerte del Bloque de los Cuatro, la ICL es, por el momento, la única organización que levanta abierta y coherentemente el planteo de una nueva internacional comunista, la Cuarta Internacional. Esto impone a nuestra organización nuevas e importantes tareas y le imparte un creciente significado a su existencia y desarrollo.

2. Aparte de esto, al considerar nuestras nuevas tareas, debemos reconocer y tener en cuenta en toda su magnitud el viraje que la Comintern ha consumado en Francia y que está iniciando en otros países (Suiza, Checoslovaquia). Esto no puede alterar en lo más mínimo nuestra actitud básica hacia la Comintern, por un lado, y la nueva internacional, por el otro. Nuestra evaluación del stalinismo como un centrismo burocrático nos permitió prever este cambio y no dejarnos sorprender por él. Aun suponiendo que este giro difícilmente haga a la Internacional Comunista capaz de ayudar al triunfo de la causa revolucionaria en cualquier país -y pensando, incluso que su carácter oportunista tendrá a largo plazo un efecto desorientador-, es evidente que este viraje coloca en un nuevo plano el desarrollo objetivo de la lucha de clases en varios países, y en gran medida altera, y hasta cierto punto mejora, las relaciones de la Comintern con las masas. Una reacción incorrecta o insuficiente ante este cambio llevaría a nuestra organización a un considerable debilitamiento.

Uno de los más significativos aspectos del giro de los stalinistas hacia el frente único -en la medida en que toma en cuenta la presión de las masas- es que reivindica y confirma la línea política de nuestra organización, en especial, la que hemos sostenido en los últimos cinco años. Es una línea que no sólo nos permitió fortalecernos mucho y desarrollar las actuales secciones (norteamericana, francesa, belga y alemana), sino que también nos hizo ganar importantes secciones nuevas en todo el mundo (Holanda, Polonia, Chile, etcétera). Pasar por alto estos éxitos sería tan fatal como aferrarse a la ilusión de que podremos seguir avanzando al viejo estilo, gastando el capital acumulado.

3. Al parecer, en algunos países, especialmente en Francia, el viraje oportunista del stalinismo puede ir más allá del frente único. ¡En las recientes negociaciones de los dirigentes máximos del PC y el PS se consideró positivamente y en forma pública la cuestión del partido unificado! La razón para ello es clara: el giro de la Comintern es tanto una expresión de la política exterior de Rusia, como un resultado de la presión de las masas. La política internacional de Litvinov carece ya de toda perspectiva revolucionaria. Su único objetivo es prevenir las guerras por medio de alianzas. Tras este objetivo, hace un esfuerzo para que en Francia se mantengan al timón regímenes como el de Doumergue. El frente único, se supone, creará un bloque de izquierda que equilibrará el bloque de derecha. Con el fin de demostrar a la burguesía francesa (y también a la británica, que se está aproximando a este bloque) cuán serio es el giro, la burocracia soviética, a través de Thorez, Cachin, etcétera, no sólo hace que el frente único se acomode a los intereses de la SFIO, sino que lo orienta hacia la liquidación del PC francés, subordinando el elemento revolucionario a la disciplina de León Blum dentro de un partido unificado.

Independientemente de que la burocracia lleve esto hasta sus últimas consecuencias o de que el continuo cambio en las relaciones de fuerza cree una nueva situación, la importancia de nuestro rol independiente, de nuestro papel en la revolución, se acrecienta inmensamente. Por supuesto, en un primer momento, las masas se verán envueltas en el delirio unitario; por otro lado, en Francia y en otros países los mejores elementos comunistas serán ganados para nuestras filas, ya que comprenderán que sabemos cómo responder correctamente a la situación. Pareciera que se acerca el momento en que la liquidación teórica del marxismo-leninismo por parte de los stalinistas, que nosotros percibimos y combatimos desde 1923, se hará visible en la práctica, abriéndonos, por lo tanto, nuevas oportunidades.

4. El futuro destino de nuestra organización, así como el desarrollo de la Cuarta Internacional, dependerán por encima de todo de la existencia de un núcleo mundial que sepa cómo responder a los problemas de la revolución y la contrarrevolución -especialmente en sus formas fascistas y bonapartistas- y que comprenda las cuestiones del peligro de la guerra y de cómo concretar nuestras consignas y ponerlas en práctica. En el plano internacional, la respuesta a estas cuestiones sólo puede emanar de elementos política y organizativamente independientes. Aun cuando hagan los más grandes esfuerzos para encontrar aliados, estos elementos no pueden abandonar nunca su independencia, sus esfuerzos por seleccionar y educar su propio núcleo, ni su trabajo ideológico.

5. El frente único contra el fascismo fue el primer objetivo que planteamos en el camino hacia la revolución. El giro del stalinismo es un paso importante en esa dirección. Es necesario desenmascarar la indecisión de la burocracia y su incapacidad para dar los pasos siguientes, señalando la relación entre lo ya logrado y lo que aun falta y atacando con mayor agudeza las concepciones oportunistas de la burocracia. Hay que transformar el frente único de las reuniones en el frente único para la acción. Y exigir que el frente único de los dos partidos se convierta en el frente único de todas las organizaciones obreras. Es necesario preparar la transformación del frente único de organizaciones en un movimiento soviético.

6. Que nosotros mismos entremos al frente único no es en última instancia utópico. Ya hay buenas posibilidades en las bases. E incluso donde ahora somos excluidos crecerá la simpatía hacia nosotros y la exigencia de nuestra inclusión, porque seremos los únicos con una línea capaz de dar contenidos y objetivos concretos al frente único.

En este contexto, la cuestión de las propuestas y consignas prácticas adquiere máxima importancia (las consignas de milicia y armamento, las reivindicaciones concretas locales y de fábrica). La ejecución de esas medidas eliminará de nuestras filas a los que miran las cosas de forma puramente especulativa y literaria. Al mismo tiempo, será éste el mejor camino para ganar la confianza de las masas trabajadoras y romper en el frente único la influencia de los burócratas.

7. En la medida que el frente único sea realizado efectivamente y no saboteado (lo que traería un importante proceso de diferenciación en los partidos reformistas) no podrá continuar como quieren los burócratas: un frente único de reuniones, que desvía a la clase obrera y la adormece con canciones de cuna. O se ampliará a tal punto que nos incluirá a nosotros y desbordará los marcos burocráticos (proceso que llevaría a la formación de alas de izquierda en ambos partidos, a las que debemos influenciar) o, lo que en muchos países es más probable, una de las dos burocracias, para salvarse, será llevada a romper el frente único en ascenso, lo que de inmediato pondrá a la orden del día la división de los respectivos partidos. Un trabajo sistemático de nuestra parte nos convertirá en un polo de atracción para las alas de izquierda de ambos partidos y creará las bases de un nuevo partido comunista.

La posible formación de partidos unificados nos pone ante una situación enteramente nueva. Una momentánea declinación en la actividad de las masas podría ser acompañada del hecho de que ganemos los mejores elementos revolucionarios. Es obvio que el posterior desarrollo nos haría aparecer públicamente como la única organización comunista y nos permitiría cumplir el rol de los partidos comunistas a un ritmo desproporcionadamente rápido, contraponiendo a la palabrería unitaria oportunista y vacía las consignas y la preparación para la acción revolucionaria.

8. Toda actividad exitosa tendrá que basarse en la completa ruptura con nuestros antiguos métodos de trabajo, los de la fracción. El trabajo ideológico de la fracción era, en su mayor parte, de naturaleza crítica. El trabajo ideológico del núcleo del nuevo partido y de la nueva internacional debe centrarse en un trabajo dirigente positivo, constructivo, que no rehuya la concreción. La actividad previa se limitaba conscientemente a la propaganda, ya que la fracción estaba conscientemente sometida, en el terreno de la acción, a la disciplina del partido. Por el contrario, en toda ocasión, la actividad del núcleo del nuevo partido y de la nueva internacional debe tratar de ir más allá de los límites de la propaganda y probar la seriedad y el valor de nuestra determinación revolucionaria a través de nuestra acción independiente o de nuestra participación en la acción. En relación a esto, el punto de partida debe ser el hecho de que la acción es el único camino para convencer a las amplias masas de la corrección de nuestras ideas. Este es el punto central de nuestra nueva orientación. No hay medidas organizativas que puedan eludir este paso y hacerlo innecesario.

9. Junto a la propaganda y al activo trabajo independiente, debemos utilizar todos los medios que la situación concreta nos brinde para ligarnos a las masas, empujarlas adelante y consolidar nuevos cuadros revolucionarios de sus propias filas.

Esto principalmente incluye:

a. Un trabajo tendencial sistemático en los sindicatos, bajo la consigna de unidad sindical. Aquí, la oportunidad de alcanzar e influenciar a las masas obreras es mejor que en cualquier partido. En muchos países, la unidad sindical tiene casi mayor importancia práctica que el frente único entre los partidos. Los inmediatos efectos económicos de curso reaccionario y las profundas diferenciaciones en los sindicatos proveerán la mejor base de lanzamiento para nuestra actividad.

b. Un trabajo tendencial sistemático en todas las organizaciones y partidos obreros, no sólo formando fracciones alrededor de los simpatizantes que ya tenemos allí, sino también por el posible envío de elementos realmente sólidos.

c. Una muy especial atención en promover el trabajo entre la juventud, tanto en los organismos juveniles ya existentes, como construyendo y desarrollando nuevas organizaciones.

d. Formar alianzas y bloques con organizaciones que están buscando un nuevo partido comunista y una nueva internacional. Estas alianzas deben tener una clara base principista y una formulación concreta de objetivos.

e. Fusionarnos con tales organizaciones sobre la base de un claro programa comunista.

f. Bajo muy excepcionales circunstancias, para incrementar nuestra influencia y acelerar la construcción de la Cuarta Internacional puede ser útil el "entrismo" de una sección entera en una organización centrista (como el ILP en Inglaterra). Calificar de panacea a esta táctica "entrista" (como lo han hecho algunos compañeros), implica declarar la bancarrota de la línea política que hemos seguido hasta ahora, significa la liquidación de las organizaciones independientes, y es causa y efecto de la desmoralización más completa; debe ser categóricamente rechazado. [Según estos compañeros], incluso la propuesta de "entrismo" de la Liga francesa en la SFIO, que tiene por objeto extender nuestra influencia, habrá de conducir, en los hechos, no sólo a la liquidación de esa influencia y a la capitulación en Francia, sino también al descrédito y desorientación de toda la ICL en el preciso momento que está en un proceso de crecimiento y que tiene las más grandes perspectivas y tareas por delante. Poner a prueba cabal esta cuestión, de vida o muerte para toda la ICL, es absolutamente necesario, así como rechazar inmediata y vigorosamente esta concepción, para que la ICL no pierda un segundo en utilizar las inmensas posibilidades en vez de despedazarse.

La comprensión correcta de la nueva situación creada, y la aplicación de las medidas antes señaladas, combinadas con la revitalización de las fuerzas revolucionarias en muchos países, harán posible un progreso significativo en el camino hacia la Cuarta Internacional, así como una preparación efectiva para el enfrentamiento decisivo entre la burguesía y el proletariado.



[1] Tareas de la ICL. Con autorización de la Biblioteca de la Universidad de Harvard. Sin firma. Traducido del alemán [al inglés] para este volumen [de la edición norteamericana] por Russell Block. Probablemente este artículo fue escrito después que Trotsky se enteró de que Eugene Bauer, uno de los dirigentes de la sección alemana de la ICL en el exilio, atacaba duramente el "giro francés".



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