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A la gente que piensa[1]

 

 

3 de marzo de 1938

 

 

 

El 2 de marzo, a través de la prensa, hice esta advertencia a la opinión pública de los Estados Unidos: “En este nuevo juicio podemos esperar alguna mejora sobre los precedentes. En los primeros dos juicios, la monotonía de las confesiones con golpes de pecho de los acusados produjo una impresión sofocante, aun entre los más caracterizados ‘amigos de la Unión Soviética’. Esa es la razón por la cual posiblemente veamos esta vez que algunos de los acusados, siguiendo los papeles asignados, nieguen su culpabilidad, para confesarla más tarde bajo el interrogatorio. Podemos predecir, sin embargo, que ninguno de los acusados, presentará dificultades al fiscal Vishinski en forma obstinada y recalcitrante.”

En la primera sesión del juicio el acusado Krestinski repudió categóricamente el testimonio que había dado durante la investigación preliminar y negó su culpa. En respuesta a esto, declaré a la prensa mejicana: “Es necesario ser muy prudentes en nuestras predicciones... ¿Qué dirá mañana Krestinski si descubre que su esposa y su hija han sido las primeras víctimas de su atrevimiento?” Los últimos comunicados de Moscú declaran que en la sesión siguiente Krestinski se apresuró a reafirmar su “culpabilidad”. Ayer tuve en cuenta condicionalmente la posibilidad de que la rebelión de Krestinski fuese genuina. Hasta no probarse lo contrario, no me consideré con el derecho de afirmar que en mi opinión este desgraciado prisionero de la GPU estaba simplemente representando una comedia bajo sus órdenes. Hoy, no hay duda de esto. Krestinski pertenece precisamente a esos acusados sobre quienes escribí tres días antes de que comenzara el juicio: “Obedeciendo los papeles asignados, negarán su culpabilidad, para confesarla más tarde bajo el interrogatorio. Podemos predecir, sin embargo, que ninguno de los acusados, presentará dificultades al fiscal Vishinski en forma obstinada y recalcitrante.” Permítanme añadir que la medicina sedante fue preparada con anticipación por la GPU.

El fiscal asegura que estoy en secreto acuerdo con los estados mayores de varios países imperialistas. Nadie sin embargo dirá que estoy en secreto acuerdo con Vishinski. ¿Entonces cómo conozco estos secretos? Aunque cualquiera que piense puede encontrar la solución sin ninguna ayuda, me apresuro de todos modos a explicarla: la estructura del fraude de Moscú es tan cruda, la imaginación creativa de Stalin, Vishinski y Iezov tan estéril, que con el más débil esfuerzo mental se puede casi siempre predecir el tipo de falsificación al cual recurrirán mañana.



[1] A la gente que piensa. De los archivos de Joseph Hansen.



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