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Las declaraciones y el primer testimonio de los acusados[1]

 

 

24 de enero de 1937

 

 

 

Declaro:

1. Que jamás he dado instrucciones terroristas; que mis principios no me lo permiten; que jamás he podido recomendar este método de lucha.

2. Que siempre he sido y soy enemigo implacable del fascismo y del militarismo japonés.

3. Que sólo tuve ocasión de reunirme con funciona­rios japoneses o alemanes cuando fui integrante del gobierno. Desde 1928 no he mantenido ningún contacto directo o indirecto con representantes de Alemania o Japón.

4. Que no he recomendado, ni podía haber recomendado, una alianza con el fascismo alemán ni con el militarismo japonés contra la URSS, Estados Unidos, los países balcánicos, o los países del Danubio.

5. Que no he recomendado, ni podía haber recomendado, crímenes tan absurdos y monstruosos como el sabotaje industrial, la destrucción de ferrocarriles, o el asesinato de obreros. La necesidad de responder a semejantes acusaciones, después de cuarenta años de militancia en el movimiento obrero, me resulta físicamente repugnante.

6. Que a partir de 1928 no mantengo relaciones con Radek, no mantengo correspondencia con él, ni le he dado instrucciones de ningún tipo.

7. Que jamás tuve relación alguna con Vladimir Romm, supuesto intermediario entre Radek y yo. A través de los últimos cables supe que Romm era corres­ponsal de Izvestia en Washington.

8. Que no envié cartas a Piatakov por intermedio de Shestov.[2] Jamás he visto a Shestov, ni sé quién es.

9. Que Piatakov jamás vino a verme a Noruega y que, por consiguiente, no pudo haber conversado conmigo.

10. Que Piatakov no tuvo, ni podía tener, relaciones políticas o personales conmigo o con mi hijo desde 1928 en adelante.

11. Que de los diecisiete acusados conocí y puedo recordar sólo a siete: Piatakov, Radek, Sokolnikov, Serebriakov, Muralov, Drobnis y Boguslavski. Durante mi último exilio (1929-37) no he mantenido relaciones políticas ni personales, directas ni indirectas, con ninguno de ellos.

12. Que los nombres de los diez acusados restan­tes no significan nada para mí, y no sé si alguno de ellos es agente de la Gestapo. No he mantenido relaciones de ningún tipo con ellos.

En vista de las circunstancias de mi vida en el exte­rior y del carácter de mi trabajo, poseo todos los medios para demostrar inequívocamente con ayuda de testigos, documentos, cartas, etcétera, ante una comisión inter­nacional imparcial, que las acusaciones y declaraciones formuladas en el juicio de Moscú son absurdas y falsas y que los acusados son víctimas de un tribunal de la Inquisición. Estoy en mi derecho al exigir, y así lo hago, que las organizaciones obreras y democráticas del mundo constituyan una comisión investigadora cuya autoridad esté por encima de toda sospecha. El proceso afecta no sólo a mi hijo, a mí y a centenares de vícti­mas, sino también a la dignidad del movimiento obre­ro mundial y al destino de la Unión Soviética.

Pido a toda la prensa independiente y honesta que publique esta declaración.



[1] Las declaraciones y los primeros testimonios de los acusados. Con autorización de la Biblioteca de la Universidad de Harvard. La declara­ción apareció en El Universal, 25 de enero de 1937.

[2] A.A. Shestov: agente de la GPU en Siberia occidental, fue provoca­dor y también acusado en el segundo juicio de Moscú. Fue ejecutado después del juicio.



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