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El arresto de Serguei Sedov[1]

 

 

27 de enero de 1937

 

 

 

Ayer, 26 de enero, contesté a una serie de pregun­tas que me formuló una agencia noticiosa: “Serguei Sedov, nuestro hijo menor, ex profesor del Instituto Tecnológico Superior, es un científico, jamás demostró interés por la política. La GPU lo arrestó en 1934 por ser hijo mío; desconocemos por completo cuál ha sido su suerte”

Hoy, 27 de enero, un cable nos informa que lo han arrestado otra vez por un supuesto intento de... ¡enve­nenar a obreros fabriles con gas de generador! No pue­do envidiar al hombre capaz de inventar semejante crimen...

Hace aproximadamente dos años, mi esposa escri­bió: “Serguei nació en 1908... En las familias donde los mayores se dedican exclusivamente a la política, los menores suelen rechazarla. Así sucedió en nuestra familia. Serguei jamás se ocupó de cuestiones políticas. Ni siquiera se afilió a la Juventud Comunista. En la escuela le apasionaban los deportes y el circo y fue un destacado atleta. En la universidad se dedicó a la matemática y a la mecánica; tras obtener el grado de inge­niero, recibió una cátedra en el Instituto Tecnológico Superior...”[2]

Su madre guarda el libro sobre generadores livianos como recuerdo del hijo al cual no ve desde hace nueve años y del cual no sabe nada desde hace tres.

El arresto de Serguei es una respuesta a mis declaraciones sobre los procesos de Moscú. Es un acto de venganza personal, totalmente acorde con el espíritu de Stalin.

El revolucionario yugoslavo Ciliga -quien, después de cinco años en las cárceles de Stalin, obtuvo permiso para abandonar el país gracias a su condición de extranjero- declaró a la prensa en 1930, cuatro años antes del asesinato de Kirov, que la GPU trató de obligar a un marinero a declararse culpable de participación en un atentado contra Stalin, Ciliga describe la tortura moral a la que se lo sometía día a día. Finalmente lo pusieron en libertad cuando ya estaba casi demente.

¿Qué le harán a Serguei Sedov? Lo someterán a torturas insoportables para arrancarle la confesión de crímenes horrendos e inconcebibles. Stalin quiere que mi hijo atestigüe en mi contra. La GPU está dispuesta a llevarlo a la demencia. Son capaces de fusilarlo. Stalin es el responsable indirecto de las muertes de mis dos hijas. Ha sometido a mi otro hijo y a mis yernos a una terrible campaña de denuncias.[3] Ahora se apresta a matar a mi hijo y a decenas y centenares de personas para echar una mancha moral sobre mi persona e impe­dirme decir al mundo lo que sé y lo que pienso.

Radek, Piatakov y otros son personalidades políticas. Su destino está indisolublemente ligado con su actividad política. Pero Serguei Sedov sufre persecución sólo porque es hijo mío. Por eso, su destino es incomparablemente más trágico.



[1] El arresto de Serguei Sedov. Con autorización de la biblioteca de la Universidad de Harvard. Traducido del ruso [al inglés] para esta obra por George Saunders. Parte de este artículo apareció en el New York Times, 28 de enero de 1937, como despacho de Associated Press, bajo el título de “Trotsky ataca a Stalin”. Serguei Sedov (1908-1937?), el hijo menor de Trotsky, era el único de sus hijos que no actuaba en política. Cuando Trotsky fue deportado, permaneció en Rusia y fue profesor de materias técnicas hasta 1934. En 1935 se negó a firmar una declaración denunciando a su padre y fue arrestado. Según informes extraoficiales, fue fusilado en 1937.

[2] El texto completo de la carta de Natalia Sedova aparece en otra tra­ducción (inglesa) en Trotsky’s Diary in Exile [Diario de Trotsky en el exilio] (Cambridge, Harvard University Press, 1968. Segunda edición, con introducción de Jean van Heijenoort, 1976), en el apunte del 1º de junio.

[3] Nina: hija menor de Trotsky, murió de tuberculosis en 1928, a la edad de veintiséis años, tras el encarcelamiento y deportación de su esposo, Man Nevelson. Zinaida, su hija mayor, también enferma de tuberculosis, pudo salir de Rusia (pero sin su esposo, Platon Volkov, y con uno de sus dos hijos), y luego se le prohibió el reingreso al país. Se suicidó en Berlín en 1933, a los treinta y dos años de edad. Los dos yernos de Trotsky desaparecieron durante las purgas.



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