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El viaje fantasma de Piatakov a Oslo[1]

 

 

27 de enero de 1937

 

 

 

Las acusaciones se basan exclusivamente en las confesiones de los acusados; el tribunal no dispone de pruebas objetivas. Por consiguiente, queda planteado el interrogante: ¿las confesiones son veraces, o son el resultado de un acuerdo previo arrancado a los acusados por los acusadores? La respuesta a este enigma fundamental determinará las respectivas suertes del juicio y el prestigio mundial de la justicia de Moscú y del movimiento del cual soy partidario. ¿Es asequible este objetivo? Totalmente, y sin mayores dificultades. La pregunta se plantea de la siguiente manera: ¿las confesiones subjetivas son coherentes con los hechos objetivos, o bien son producto de una falsificación perversa, que se contradice con el tiempo y el espacio?

Mi propuesta es: escoger ya, antes que finalice el proceso, la confesión más terminante e importante, con el fin de verificar los hechos. Es un trabajo que no necesita más de 48 horas.

Me refiero a la confesión de Piatakov. Su testimonio dice que él me visitó en Noruega en diciembre de 1935, con el fin de preparar una conspiración. Manifiesta que viajó de Berlín a Oslo en avión. La importancia de este testimonio salta a la vista. He declarado muchas veces, y repito una vez más, que Piatakov, junto con Radek, ha sido un adversario enconado, no un amigo, durante los últimos nueve años, y que no he tenido, ni he podido tener, negociaciones con él.

Si se pudiera comprobar que Piatakov efectiva­mente me visitó, mi situación estaría irremediablemente perdida. Si, por el contrario, yo pudiera demos­trar que toda la historia de la visita es falsa del principio al fin, el sistema de las confesiones “voluntarias” quedaría completamente desacreditado. Aun si reconoce­mos que el juicio está por encima de toda sospecha, el acusado Piatakov es sospechoso. Es necesario verificar su testimonio inmediatamente, antes de que lo fusilen. Le planteo las siguientes preguntas:

1. ¿Qué día de diciembre de 1935 viajó Piatakov de Moscú a Berlín? ¿Cuál fue su misión oficial? Piatakov es un funcionario administrativo muy importante, no puede viajar sin el conocimiento del gobierno soviético. Su comisariado debe conocer la fecha de su partida. La prensa alemana debe hacer anunciado su llegada.

2. ¿Concurrió Piatakov a la embajada soviética en Berlín? ¿Quién lo recibió?

3. ¿Cuándo y cómo voló de Berlín a Oslo? Aunque su llegada a Berlín fuera un hecho público, su partida debió ser secreta: en caso contrario, llegaríamos a la inconcebible conclusión de que el gobierno soviético envió a Piatakov a conspirar con Trotsky.

4. ¿Qué tipo de pasaporte usó Piatakov para aban­donar Berlín? ¿Cómo obtuvo el pasaporte falso? ¿Obtuvo también una visa noruega?

5. Si el viaje de Piatakov fue legal y de conocimiento público, la prensa noruega debió anunciar su arribo. En tal caso, ¿a qué autoridades noruegas visitó oficialmente?

6. Si Piatakov realizó su viaje a Oslo en forma ilegal, con pasaporte falso, ¿cómo logró eludir la estrecha vigilancia de los funcionarios soviéticos en Berlín y Oslo? (Todos los funcionarios del gobierno soviético en el exterior se mantienen en permanente contacto telegráfico y telefónico con las embajadas y las delega­ciones comerciales de la URSS). ¿Cómo explicó su desa­parición al retornar a Rusia?

7. ¿A qué hora llegó Piatakov a Oslo? ¿Durmió en la ciudad? ¿En qué hotel? (Esperemos que en el Hotel Bristol, no). El conocido periódico noruego Aftenposten afirma que ningún avión extranjero aterrizó en Oslo a la hora que menciona Piatakov. Es necesario verifi­carlo.

8. ¿Empleó Piatakov las vías de comunicación telegráfica normales para anunciarme su visita? Esto se puede verificar fácilmente en las oficinas telegráficas de Oslo y Honefoss.

9. ¿Cómo me ubicó Piatakov en la aldea de Weksal? ¿Qué medio de transporte empleó?

10. El viaje de Oslo a mi aldea se realiza en dos horas; Piatakov dice que nuestra conversación duró tres horas; el viaje de regreso se debió realizar en dos horas más. En diciembre los días son breves. Inevita­blemente, Piatakov debió pasar una noche en Noruega. Nuevamente: ¿dónde? ¿En qué hotel? ¿Cómo partió de Oslo: por tren, barco o avión? ¿Con qué destino?

11. Todos los que me hayan visitado confirmarán que el contacto conmigo sólo se establecía por intermedio de la familia de mi anfitrión, Knudsen, o por inter­medio de mis secretarios, quienes montaban guardia permanentemente en la antesala de mi dormitorio. ¿Quién recibió a Piatakov?

12. ¿Cómo viajó Piatakov de Weksal a la estación de Honefoss: en el automóvil de mi anfitrión Knudsen o en un taxi de Honefoss solicitado por teléfono? Sea como fuere, no pueden faltar testigos de su llegada y su partida.

13. ¿Vio Piatakov a mi esposa? ¿Estaba ella en casa el día de su visita? (las citas de mi esposa con su médico y su dentista en Oslo se pueden verificar fácilmente).

Es necesario agregar que el aspecto personal de Piatakov llama la atención y se recuerda fácilmente: es alto, rubio con mechones pelirrojos en el cabello y la barba, sus rasgos son muy regulares, frente amplia, anteojos, y es muy delgado (en 1927, cuando lo vi por última vez, estaba demasiado delgado).

Cualquier hombre serio, sea o no abogado, perci­birá la importancia decisiva que poseen estas preguntas para verificar las confesiones de Piatakov. El gobierno soviético cuenta con todos los medios para utilizar los servicios de la justicia noruega (debió hacerlo antes de iniciar el proceso).

Los personajes políticos destacados de Noruega no necesitan aguardar la iniciativa del tribunal de Moscú para formar una comisión especial que investigue todas las circunstancias vinculadas con el supuesto viaje de Piatakov a Noruega.

Digamos de paso que la misma comisión debería investigar los asuntos relacionados con el acusado Shestov -persona desconocida para mí- quien afirmó que en Noruega (?) yo le entregué instrucciones para Piatakov, que él llevó ocultas en las suelas de sus zapa­tos. ¿Cuándo, cómo y en qué circunstancias me visitó? ¿Quién es el zapatero noruego que ocultó los documen­tos? ¿Cómo encontró Shestov al zapatero conspirador? Y así sucesivamente.

Pregunto al presidente del tribunal y al fiscal: ¿están ustedes dispuestos a plantearle estas preguntas pertinentes a Piatakov? Su actitud al respecto sería decisiva para el prestigio del juicio a los ojos de todas las personas honestas del mundo.

Espero que los periódicos ansiosos por establecer la verdad publiquen íntegramente esta declaración.



[1] El vuelo fantasma de Piatakov a Oslo. La verdad (sobre los juicios de Moscú), abril de 1937.



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