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Al borde de un precipicio[1]

 

 

12 de junio de 1938

 

 

 

Querido camarada Lesoil:

 

Considero bastante delicada la situación en la sección belga. Me parece que las políticas del camarada Vereecken se desarrollan cada vez más en una dirección antimarxista. Desde 1933 no ha habido ni una sola cuestión importante sobre la cual no lo hayamos visto tomar una posición equivocada; a veces sectaria, otras oportunista. Me parece que sus propios zigzagueos y delirios fantásticos lo han amargado tanto, que trata de buscar pelea con todo el mundo, excepto con los opositores de la Cuarta Internacional. ¿Qué puede resultar, de esta actitud? Es absurdo pensar que las secciones nacionales estén de acuerdo en convertirse en una colección de grupos y camarillas que "proclaman alianza" con la Cuarta Internacional. Tal camino significaría, simplemente, cancelar toda la lucha teórica y política que hemos librado durante los últimos diez años; las líneas de demarcación, las rupturas y divisiones que fueron producto de esta lucha, con el objeto de limpiar la pizarra y empezar todo el asunto de nuevo. No, realmente tal actitud nihilista hacia la propia tendencia política, es sorprendente, aun en el caso de un hombre tan individualista y caprichoso como el camarada Vereecken. Repito: ¿Qué puede resultar de todo esto? Más aun, no veo una reacción adecuada de la sección belga. No es de ninguna manera una cuestión secundaria, o de "método", como insiste Vereecken con una obstinación ingenua. Se trata de los propios pilares de nuestro movimiento. Nadie en nuestras filas, hasta donde yo sé, está inclinado a permitir que Vereecken juegue con principios que han sido establecidos a tan alto costo. ¡Ciertamente no! Usted me pregunta si tal vez yo quiero un rompimiento con Vereecken y su facción. Le repito francamente que no. Traté de hacer todo lo posible por prevenir a tiempo el criminal rompimiento que provocó Vereecken. He tratado de ayudarle a la sección belga a restaurar su unidad. No he perdido la esperanza de salvar a Vereecken para nuestro movimiento, pero le digo, francamente, que veo la próxima conferencia como la última oportunidad para remediar la situación.

Usted está familiarizado con el asunto Molinier. Aquellos que perdimos eran sus amigos más cercanos. He tenido cientos de discusiones con ellos (Henri M., Frank, Meichler y otros),[2] tratando de persuadirlos de que Molinier sólo puede ser salvado para el movimiento, si se somete a la más firme disciplina. No tuve éxito. Consideré mi deber darle el mismo consejo a los amigos y asociados de Vereecken. El está parado al borde de un precipicio. Es necesario tomarlo finamente por los hombros, sacudirlo en forma amistosa y convencerlo de que uno no puede hacer política con fantasías, improvisaciones y mezquinas combinaciones personales. Esa es mi opinión, querido amigo. Puede usar esta carta en la forma que considere conveniente. Está inspirada únicamente en consideraciones a favor de los intereses de nuestra organización belga.

 

Mis mejores deseos

 

L. Trotsky



[1] Al borde de un precipicio. Minutas del Parti Socialiste Revolutonnaire, 23 de junio de 1938. ’Traducido del francés para este volumen [de la edición norteamericana] por Russell Block. Es una carta a León Lesoil.

[2]  Henri M.: Henri Molinier (1898-1944): hermano de Raymond, un ingeniero muerto en la lucha por la liberación de París. Pierre Frank (1905- ) un fundador de la sección francesa y miembro del Secretariado Internacional; fue secretario de Trotsky en Turquía, 1932-1933. Jean Meichler (1899-1944): con los Molinier y Frank, fundador de La Verité en 1929; ejecutado como rehén por los nazis durante la ocupación de Francia.



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