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Observaciones adicionales sobre el régimen partidario[1]

 

 

3 de octubre de 1937

 

 

 

Estimado camarada Cannon:

 

Ayer le envié una carta para tratar ciertos asuntos de importancia, pero es necesario que le vuelva a escribir hoy.

1. Hace un momento leí una carta de Harry Milton a Rae [Spiegel][2]. He leído algunas de sus cartas desde España y ayer Rae me dijo que pronunció un muy buen discurso sobre España en una gran asamblea y que todos estaban asombrados con su éxito, él más que nadie. Por último, dijo que el Comité Nacional había resuelto enviarlo de gira solo y no con el cama­rada Goldman, como se había resuelto en principio. Este hecho me parece sumamente importante y sintomático. Observé aquí a otro obrero de vuestra organi­zación, el camarada Lankin[3]. En presencia de [Jack] Weber, F. y otros camaradas permanecía en silencio, trabajando todo el tiempo. Permaneció con nosotros durante más tiempo. Reveló poseer una gran expe­riencia de vida y de lucha, penetración sicológica e hizo observaciones políticas de gran valor. Necesitamos a esos camaradas en los comités del partido, tanto en el comité central como en los comités locales. He seña­lado en centenares de ocasiones que el obrero que pasa inadvertido en las condiciones “normales” de la vida partidaria revela cualidades notables cuando cambia la situación, cuando no bastan las fórmulas generales y las plumas fluidas, cuando se necesita un conocimiento de la vida obrera y cualidades prácticas. En tales condi­ciones un obrero aventajado revela seguridad en sí mismo y también capacidad política general.

El predominio de los intelectuales es inevitable en el primer periodo de desarrollo de la organización. Pero, al mismo tiempo, es una gran traba para la educación política de los obreros más aventajados. Naturalmente, esta es una verdad muy elemental que usted conoce desde hace años. Pero, ¿cuál es el problema práctico? Hablé de ello con el camarada Weber. Es absolutamente necesario que el próximo congreso elija la mayor cantidad posible de obreros a los comités locales y central. Para un obrero, la militancia en el organismo de dirección partidaria es una escuela política superior. Algunos de los nuevos miembros obreros de los comités partidarios demostrarán que no están a la altura del puesto: pueden ser removidos en el congreso siguiente. La selección de los elementos más capaces y abnegados para los organismos de dirección es, naturalmente, un proceso lento y que jamás termina. Al elegir a estos nuevos camaradas, se corre un riesgo inevitable. Si sólo la tercera parte de los nuevos miembros obreros de los comités locales y central demuestran estar a la altura del puesto, el resultado es excelente.

Existe en todas las organizaciones la dificultad de que hay miembros tradicionales del comité y que las consideraciones secundarias, de tipo fraccional y personal, desempeñan un papel excesivamente grande en la confección de la lista de candidatos. La tarea es romper con la rutina, que es el comienzo del burocratismo; convencer a la organización y especialmente a su estra­to dirigente (lo cual es más difícil) de que es necesario renovar sistemáticamente la composición de todos los organismos dirigentes del partido. Naturalmente que la renovación jamás puede ser total; es necesario mante­ner un núcleo, seleccionado con base en la experiencia del pasado, para preservar la continuidad de la política del partido.

 

2. Me parece importante desarrollar estas conside­raciones desde el punto de vista de la democracia partidaria. Es imposible sobreestimar este aspecto. ¿Qué es la democracia partidaria?

a. El estricto cumplimiento de los estatutos parti­darios por los organismos de dirección (congresos regu­lares, periodo de discusión, derecho de la minoría a expresar sus puntos de vista en reuniones partidarias y en la prensa).

b. El comité central y sus miembros deben mante­ner una actitud paciente, fraternal, en cierta medida pedagógica para con la base, incluidos los impugnadores y los descontentos, porque no es gran mérito estar satisfecho “con cualquiera que esté satisfecho con­migo”. Cuando Lenin propuso expulsar a Orjonikije del partido (1923), dijo con toda razón que el militante de base tiene derecho a ser revoltoso, no así el miembro del comité central[4]. Los métodos del “terrorismo” psicológico, incluido el responder a cualquier obje­ción, crítica, o duda en forma altanera o sarcástica: estos son los métodos periodísticos o “intelectuales” que resultan intolerables para los obreros y los conde­nan al silencio.

c. No bastan las reglas democráticas puramente formales señaladas en el punto (a) y las medidas pura­mente negativas - no aterrorizar, no poner en ridículo- señaladas en (b). Tanto los comités locales como el comité central deben mantener permanentemente un contacto activo e informal con la base, sobre todo cuando se está preparando una nueva consigna, una nueva campaña o se están verificando los resul­tados de una campaña que acaba de culminar. No todos los miembros del comité central son capaces de mante­ner esos contactos de tipo informal; tampoco todos los militantes tienen tiempo o encuentran la ocasión para hacerlo; esto depende no sólo de la buena voluntad y de una determinada actitud sicológica, sino también de la profesión del militante y, por consiguiente, del medio en que se mueve. El comité central debe estar integrado no sólo por buenos organizadores y buenos oradores, escritores, administradores, sino también por personas estrechamente ligadas a la base y orgánicamente representativas de ella.

 

3. En las últimas semanas recibí varias cartas de los camaradas Glotzer y Abern, donde dicen que no quieren formar una agrupación especial, en vista de que no existen diferencias principistas, y que están dispuestos a colaborar de manera sincera y leal, pero que el régimen partidario contiene resabios sicológicos de un tratado de Versalles impuesto por la ex mayoría a la ex minoría (militantes de base y de comité de segunda clase, etcétera). Por otra parte, el camarada Weber me ha dicho que sus intentos por restablecer las relaciones fraternales con la ex minoría no tuvieron éxito.

¿No le parece que los dirigentes de la ex mayoría podrían tomar alguna medida concreta y sincera para eliminar los resabios sicológicos de la vieja lucha? ¿Cuál podría ser esa medida? En primer lugar, una discusión franca en el comité con los camaradas más representativos de la ex minoría: ¿Tenemos diferencias principistas? ¿Cuales son vuestras objeciones organizativas, prácticas, o personales? Ahora que estamos por iniciar un gran capítulo nuevo de la historia del partido, estamos totalmente dispuestos a eliminar todo obstáculo en el camino de una colaboración estrecha y armoniosa. Por ejemplo, estamos dispuestos a elimi­nar cualquier cosa que se parezca a un bloque fraccional en el comité central. ¿Consideráis que el régimen partidario no es lo suficientemente democrático? Esta­mos totalmente dispuestos a aceptar cualquier sugerencia práctica con el fin de eliminar cualquier tenden­cia burocrática, ampliar la democracia partidaria gene­ral, etcétera. Esta discusión debería realizarse sin tener en cuenta las prácticas formales; es decir, sin incluirla en las actas, etcétera. Si la primera discusión de este tipo resulta más o menos promisoria, podría repetírsela en el congreso, con el consentimiento de los miem­bros del nuevo Comité Nacional.

La iniciativa debería provenir de la “mayoría”, que sólo podrá desarmar a la minoría si cuenta con la buena voluntad general. Imaginemos que a pesar de toda la buena voluntad del mundo algunos de los repre­sentantes minoritarios mantienen su actitud fraccional. ¿Quién se beneficiará con la marcha de los aconteci­mientos? No los fraccionalistas, por cierto. Se aislarán de sus amigos más cercanos. Un intento sincero por restablecer la plena confianza mutua sólo podría beneficiar a la educación y la cohesión interna del comi­té central.

Mi carta de ayer, al igual que la de hoy, fue escrita teniendo en cuenta la discusión y el congreso que se realizaran próximamente. Ayer traté de sugerir una “línea general” política para el próximo periodo de la actividad partidaria. Esta carta se refiere esencialmente al régimen interno. Me avergüenza un poco mi enfoque excesivamente abstracto de los problemas con­cretos que están planteados. Algunas de mis afirmaciones parecerán vagas generalidades, imposibles de aplicar... pero no hay nada que hacer. A pesar de las visitas y del correo aéreo, sigo siendo un observador desde lejos. Usted y los camaradas verán cuales de estas sugerencias resultan útiles y cuales no.

 

Con mis mejores saludos y deseos,

 

Hansen [Trotsky]

 

P.D. Algunos camaradas siguen caracterizando al stalinismo como “centrismo burocrático”. Esta carac­terización está totalmente perimida. En la arena inter­nacional el stalinismo ya no es centrismo, sino oportu­nismo y socialpatriotismo en su forma más grosera. ¡Véase España!



[1] Observaciones adicionales sobre el régimen partidario. Del archivo de James P. Cannon. Con autorización de la Library of Social History. Carta a Cannon.

[2] Harry Milton: activista trotskista del sindicato textil de Nueva York, fue a España como voluntario antifascista. Los stalinistas lo arrestaron y deportaron.

[3] Sol Lankin: miembro fundador de la Oposición de Izquierda de EE.UU. y guardaespaldas de Trotsky en Coyoacán.

[4] Trotsky parafrasea a Lenin de memoria. Véanse las palabras textua­les de Lenin en Obras completas, artículo del 30 de diciembre de 1922, vol. 36, p. 307 [edición en inglés].



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