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Testimonio sobre el robo de los archivos[1]

 

 

10 de marzo de 1937

 

 

 

Al señor Barrue, presidente del tribunal

 

Señor:

 

Mi abogado en París, señor Gerard Rosenthal, me informa que usted requiere mi testimonio sobre el robo de una parte de mi archivo, hecho que tuvo lugar el 7 de noviembre de 1936 en la oficina parisina del Instituto de Historia Social.[2] Para empezar, debo informarle que en la primera quincena de diciembre del año pasado ya envié un testimonio, pero esa carta fue confiscada por el señor Trygve Lie, ministro de Justicia de Noruega. Sin entrar en análisis de los motivos de la conducta del ministro, me veo obligado a señalar que la confiscación de mi testimonio ayudó al ladrón y perjudicó a su víctima.

En lo que se refiere a las circunstancias y hechos concretos vinculados con el robo del 7 de noviembre de 1937, sólo puedo confirmar el testimonio de mi hijo León Sedov en lo referente a las circunstancias que son de mi conocimiento (mi correspondencia con mi hijo en relación al peligro que corría mi archivo por parte de la oficina parisina de la GPU; mi propuesta de entregar el archivo a un instituto científico, por ejemplo, el Instituto de Historia Social, etcétera).

El método de los ladrones, que sólo se llevaron algunos papeles míos y nada más, señala directamente a los organizadores del robo. Is fecit cui prodest (Lo hizo quien se beneficia con ello). Si el jefe de la GPU de París hubiera dejado su tarjeta personal en el edificio del Instituto, no hubiera agregado una prueba más a las ya existentes. Además, como ya le he dicho, le advertí a mi hijo de antemano que la GPU intentaría robar mis archivos sin lugar a dudas. Es indudable que los documentos robados viajaron a Moscú en valijas diplomáticas.

Sobra decir que los autores del robo no esperaban encontrar nada “comprometedor” en mi archivo. Tengo la plena seguridad de que los directores de los fraudes judiciales de Moscú no abrigaban la menor ilusión al respecto. Necesitaban mis archivos como elemento técnico para montar una nueva amalgama. Era una necesidad imperiosa para ellos.

Me tomo la libertad de - concretar mi pensamiento mediante algunos ejemplos. Tres de los participantes en los procesos de Moscú -Goltsman, Piatakov y Vladimir Romm- atestiguaron que se habían reunido conmigo en el extranjero y que yo les había dado instrucciones. Desgraciadamente, las circunstancias de tiempo y lugar mencionadas por ellos no resisten el contacto con hechos que cualquiera puede verificar. Goltsman dijo que la cita en Copenhague fue concertada por mi hijo, con quien se encontró en el Hotel Bristol. Sin embargo, existen pruebas irrefutables de que en noviembre de 1932 mi hijo se encontraba en Berlín. Agréguese a ello que el Hotel Bristol fue demolido en 191 7.

El acusado Piatakov atestiguó que vino a verme en Oslo, viajando desde Berlín por avión en diciembre de 1935. Sin embargo, las autoridades noruegas han declarado oficialmente que ningún avión extranjero aterrizó en Oslo entre el 19 de setiembre de 1935 y el 1º de mayo de 1936, y que ningún avión pudo aterrizar clandestinamente en vista de la vigilancia ejercida por los funcionarios de la aduana.

El testigo Vladimir Romm atestiguó que yo me reuní con él en el Bois de Boulogne a fines de julio de 1933. Sin embargo, tras desembarcar en Marsella el 24 de julio de 1933, con el conocimiento de la policía francesa y de amigos franceses, me dirigí inmediatamente a Saint-Palais, cerca de Royan, donde permanecí, enfermo, hasta principios de octubre de 1933.

Me veo obligado a abstenerme de dar otros ejemplos análogos para no alargar este testimonio en demasía. La ignorancia de la GPU respecto de las circunstancias concretas de mi vida, hecho lamentable que aparece en todos los casos, se debe a que mis colaboradores, todos ellos amigos míos, impiden el acceso de los agentes de la GPU a mi persona y mis papeles. Por eso no resultaba difícil prever que, desenmascarados estos errores tan escandalosos, la GPU trataría de robar mis papeles para preparar una nueva farsa judicial basada en fechas, lugares y nombres precisos. Mis cartas al respecto que pasaron por la oficina de pasaportes de la policía noruega, obran en poder de mi hijo.

Por otra parte, desde mi arresto en Noruega quise advertir a la opinión pública sobre la posibilidad de que hubiera nuevos juicios, predecir su carácter y, sobre todo, la forma en que se utilizarían los papeles robados. El gobierno noruego frustró mis esfuerzos al impedir sistemáticamente que yo, en calidad de acusado y testigo, ayudara a revelar la verdad y con ello, quizá, salvar las vidas de decenas de hombres que, absolutamente inocentes, fueron condenados a la pena máxima.

Para concluir, permítame llamar su atención sobre el hecho de que, de acuerdo con el último juicio de Moscú, mi hijo y yo, durante nuestra permanencia en suelo francés, cometimos actos contrarios a los intereses del estado francés. Si las autoridades francesas creyeran siquiera mínimamente en las acusaciones y resolvieran iniciar la investigación, yo los ayudaría de todo corazón. De más está decir que pondría todos mis documentos, inclusive mi correspondencia con mi hijo, enteramente a disposición de las autoridades encargadas de la investigación. Estaría dispuesto a comparecer en cualquier momento ante un tribunal francés, aunque éste examinara tan sólo las acusaciones que conciernen al estado francés en forma inmediata y directa.

Desgraciadamente, no puede esperarse que Francia tome esa iniciativa. La falsedad de las acusaciones de Moscú es por demás evidente, y el hecho mismo de iniciar una investigación, cosa natural e indispensable bajo otras circunstancias, sería interpretado por Moscú como un acto de hostilidad.

Eso es todo lo que puedo decir por el momento acerca del robo de mi archivo por la sección parisina de la GPU.

 

Firmado:

 

León Trotsky.



[1] Testimonio sobre el robo de los archivos. Del archivo de James P. Cannon. Con autorización de la Library of Social History de Nueva York. La carta apareció en francés a en Avocat de Trotsky.

[2] Gerard Rosenthal. (n.1903): dirigente del trotskismo francés, era el abogado de Trotsky en Francia. Se fue de la Cuarta Internacional durante la Segunda Guerra Mundial y entró el PS en 1945.



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