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Un “atentado” contra la vida de Stalin[1]

 

 

4 de noviembre de 1937

 

 

 

La nueva declaración de Moscú sobre los atentados contra la vida de Stalin, esta vez en Abkhasia, Cáucaso, representa otra mentira policial de la misma clase que las precedentes. El comentario de los periódicos de que “es el primer atentado conocido” contra Stalin, es falso. Los juicios Zinoviev-Kamenev y Piatakov-Radek[2] revelaron un cuadro de “atentados” análogos contra la vida de Stalin. Berman-Yurin y Fritz David iban a asesinarlo en el Congreso de la Comintern.[3] Pero sucedió que había “demasiada gente” en el congreso, mientras que los terroristas esperaban estar solos con la víctima. Luego, iba a ser asesinado en un mitin del Primero de Mayo, pero de nuevo fue un fracaso pues el terrorista estaba demasiado lejos de la víctima. Supuestos grupos terroristas, con supuestas bombas, fueron encontrados supuestamente en un instituto pedagógico en Gorki, donde el acusado Olberg preparó un montón de bombas contra Stalin.[4] Pero todas estas bombas resultaron ser ineficaces; en todo caso nadie oyó su explosión. El terrorista caucásico reveló la misma falta de eficiencia. En el primer caso cuando Stalin estaba en un bote en el agua, el terrorista estaba demasiado lejos. En el segundo caso cuando estaba en tierra firme, el terrorista llegó demasiado tarde. En conjunto, esto tendría la apariencia de un espectáculo de vaudeville si no fuera por el desenlace sangriento.

El principal organizador de la conspiración en Abkhasia era supuestamente Néstor Lakoba, jefe de una pequeña y bella república subtropical en la costa del Mar Negro. Conocí muy bien a Lakoba. Era un hombre pequeño, un verdadero héroe de la Guerra Civil, muy taciturno, pues era casi totalmente sordo. Todos los altos dignatarios, comenzando por Stalin, pasaban algunas semanas todos los años en Sukhum, la capital de Abkhasia, como huéspedes de Néstor Lakoba. Su hermano, Mijail Lakoba, era el jefe de la policía de Abkhasia. La autoridad personal del taciturno Néstor era muy grande. De haber tenido un plan para asesinar a Stalin u otros dirigentes, podría haber alcanzado su propósito sin ninguna dificultad con una daga o envenenando su comida. Todas las posibilidades estaban abiertas para él. Pero, de acuerdo a la GPU, eligió la más increíble e ineficiente.

Si n embargo Néstor no se encontró entre los acusados; le dispararon antes sin ningún juicio. La razón es clara. Este hombrecito con una voluntad de hierro rehusó, como muchos otros, confesar crímenes que nunca cometió. El juicio de su hermano más joven, Mijail, fue arreglado post factum con el fin de justificar “jurídicamente” el asesinato de Néstor.

Naturalmente la declaración decía que yo en persona formé una “organización antisoviética” en Abkhasia en 1923. Si ustedes recuerdan que en 1923 yo era un miembro del Politburó, jefe del ejército y la armada y miembro del Comité Ejecutivo soviético, necesitarán admitir que era una extraña empresa para mí: construir una “organización antisoviética” ilegal. Pero los anacronismos son parte inevitable de todo fraude.

En un plan político más general, la exterminación del grupo dirigente de la República de Abkhasia, es parte de la cruzada sangrienta contra todas las cabezas nacionalistas de las repúblicas soviéticas. La centralización burocrática que asfixia la vida de la república central Rusa, se volvió totalmente incompatible con cualquier clase de autonomía nacional de grandes o pequeñas repúblicas periféricas. El peligro es que ellas puedan con las nuevas elecciones dar expresión política a su descontento. Esa es la razón por la cual la víspera de elecciones todas estas repúblicas, sin excepción, fueron decapitadas. Pero la camarilla dirigente, que forzó a todo el mundo a confesar, no puede confesar que la razón real de la purga, es la lucha por su autopreservación. Crímenes terribles deben ser imputados a las víctimas. Así el mundo aprende con asombro que los gobiernos de veinticinco repúblicas planearon asesinar a los “amados” dirigentes de Moscú y vender su propia patria a países extranjeros. Quien pueda creer tales cuentos, que los crea.



[1] Un “atentado” contra la vida de Stalin. Con permiso de la Biblioteca de la universidad de Harvard. Esta declaración a la prensa no perece haber sido publicada antes.

[2] Georgi Piatakov (1890-1937) y Karl Radek (1885-1939): fueron expulsados del Partido Comunista Ruso en 1927 por ser miembros de la Oposición de Izquierda. Capitularon, fueron rehabilitados y ocuparon importantes puestos en la industria y el partido, pero fueron víctimas del segundo Juicio de Moscú.

[3] Konon B. Berman-Yurin (1901-1936) y Fritz David (1897-1936): sentenciados a muerte en el primer Juicio de Moscú. Se los acuso de encontrarse con Trotsky en Copenhague en 1932 para obtener sus instrucciones para asesinar a Stalin. Berman-Yurin era un corresponsal ruso en Alemania. David había sido miembro del Partido Comunista Alemán y editor sindicalista del periódico Rote Fahne (La Bandera Roja).

[4] Valentín Olberg (1907-1936): se unió a la Oposición de Izquierda en 1930, pero fue expulsado al sospecharse que era miembro de la GPU. Fue sentenciado a muerte en el primer juicio de Moscú.



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