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Una respuesta al embajador Bilmanis[1]

 

 

17 de marzo de 1938

 

 

 

Al director del New York Times:

 

En una carta al New York Times de¡ 12 de marzo de 1938, el ministro latvio en Washington, Alfred Bilmanis, negó "categóricamente" mi declaración que, de acuerdo a fuentes oficiales soviéticas, el cónsul latvio, Bisseneks, dió a Nikolaev, el verdadero asesino de Kirov, 5.000 rubios por su acto terrorista y le pidió "alguna carta para Trotsky". (En el New York Times del 8 de marzo se escribió "de Trotsky", pero es evidentemente un error en el comunicado, que, además, no tiene importancia desde el punto de vista que nos interesa ahora.)

El ministro latvio declara: 1) que durante el juicio de Nikolaev, él era ministro latvio en Moscú y por consecuencia habría tenido información directa; 2) que "nada de esta naturaleza en referencia al señor Bisseneks apareció en la prensa soviética"; 3) este hecho de (no publicación en la prensa) me fue confirmado también “ayer” (es decir, el 9 de marzo) por la embajada soviética en Washington; finalmente, 4) "El señor Bisseneks, antiguo cónsul latvio en Leningrado, es una persona muy honorable, que no tuvo que ver con el caso Nikolaev."

El carácter "categórico" de esta negativa permite imaginar que yo inventé toda esta historia. Sin embargo, no he inventado nada. El ministro latvio en su negativa demostró una imprudencia lamentable en relación a los hechos.

El sumario del asunto Nikolaev fue publicado en Pravda el 27 de diciembre de 1934. En este documento oficial, se informa que Nikolaev "visitó muchas veces a***, consul de***, en Leningrado, con quien trató de las formas posibles de ayuda a este grupo (terrorista)". En el texto oficial, la nacionalidad y el nombre del cónsul fueron remplazados con asteriscos. Más tarde Nikolaev declaró que "en la tercera o cuarta visita al consulado" el cónsul antes mencionado "me dió 5.000 rubios. Lo que es más, dijo que podría establecer un enlace con Trotsky, si yo pudiera darle alguna (!) carta del grupo para Trotsky".

El artículo principal del mismo ejemplar de. Pravda (27 de diciembre de 1934) explica el papel político del cónsul: era el enlace entre los terroristas y la "burguesía internacional". El sumario no decía una palabra sobre si el para mí desconocido Nikolaev, dió o no, al para mí desconocido cónsul, "alguna carta para Trostky".

En el momento de la publicación del sumario, el nombre y la nacionalidad del cónsul, habían sido, como lo mencioné, remplazados por asteriscos debido a consideraciones diplomáticas. Pero el asunto no terminó aquí. El gobierno de Moscú se vió obligado en unos pocos días a publicar el nombre del misterioso cónsul. Con el fin de ahorrar espacio cito del Libro Rojo de León Sedov (París, 1936) datos precisos que pueden ser verificados fácilmente en cualquier editorial. He aquí el contenido de las páginas 35 y 36 del libro de Sedov: "El 29 de diciembre de 1934, Le Temps informó que ’los círculos extranjeros de Moscú [...] se pierden en conjeturas sobre la nacionalidad de este diplomático’. El 30 de diciembre una agencia telegráfica informó que una ’conferencia de cónsules se reunió y decidió [...] exigir de las autoridades soviéticas publicar el nombre del cónsul sospechoso’.

"Así, el 2 de enero de 1935, se obligó a Stalin a dar el nombre del cónsul. ’El cónsul mencionado en el sumario del asesinato de Kirov, es el cónsul latvio, M. Bisseneks.’ Y al día siguiente, 3 de enero, la agencia TASS informó que el cónsul latvio Bisseneks, había sido destituido por su gobierno. "

Toda la prensa mundial publicó el anuncio oficial de que el cónsul que dió los 5.000 rubios para la ejecución del acto terrorista y que pidió algún tipo de "carta para Trotsky", era el cónsul latvio en Leningrado, Bisseneks. Teniendo en cuenta lo preciso y completo de la información en el New York Times, no dudo de que todo el episodio, tanto como el nombre del cónsul fueron publicados en este periódico en esa época. Es más fácil sin embargo, verificar esto en Nueva York que en Coyoacán. Periodistas extranjeros en Moscú hicieron un intento entonces de ponerse en contacto con el señor Bisseneks con el fin de determinar su verdadero papel. Pero fue imposible conseguir a Bisseneks. Este, por lo que sé, en ningún momento ha refutado el anuncio oficial soviético sobre su papel como está descrito en el sumario.

Es imposible no observar que en todos los juicios siguientes el cónsul no fue nombrado o mencionado ni una sola vez. Kirov fue asesinado a su vez por "centros" diferentes, pero el señor Bisseneks desapareció sin dejar una huella de todas las versiones siguientes. Si el señor Alfred Bilmanis era en esa época miembro del cuerpo diplomático de Moscú, no pudo haber evitado participar en el esfuerzo de los diplomáticos por determinar la identidad del cónsul acusado de una grave crimen. Es imposible que no conociera el anuncio del comisariado de asuntos exteriores sobre la identidad del cónsul, o los comunicados de la agencia TASS. Puedo solamente lamentar que su memoria lo haya traicionado ahora.

El presente anuncio del señor Bilmanis, de que el cónsul Bisseneks es una "persona muy honorable" y no tenía ninguna relación en el asunto Nikolaev, es por lo menos tardía y en esencia no cambia en nada los hechos mencionados antes.

¿Fue el nombre del señor Bisseneks mencionado en la prensa soviética? Evidentemente no. Pero esta "omisión" se explica por el hecho de que la publicación del nombre del cónsul latvio habría hecho peligrar la versión sobre la relación de los terroristas con el imperialismo extranjero. Los lectores de la prensa soviética presumieron que el asunto se refería a un cónsul alemán o japonés y el jefe de la prensa soviética evidentemente no vió ninguna razón para destruir esta impresión. Pero esta circunstancia no cambia nada. El comisariado del pueblo de asuntos exteriores y la TASS no son órganos menos ofíciales que Izvestia.

Durante la época de los dos últimos grandes Juicios de Moscú, di a la prensa docenas de verdaderas declaraciones y refutaciones. Di cientos de éstas a la Comisión Internacional encabezada por el doctor John Dewey (ver El caso de León Trotsky, un informe al pie de la letra de las audiencias de Coyoacán). Ninguna de mis declaraciones fue refutada, ni siquiera parcialmente. El primer intento de refutación es la carta del ministro latvio en Washington. Que la opinión pública juzgue hasta qué grado es convincente.



[1] Una respuesta al embajador Bilmanis. New York Times, 21 de marzo de 1938. El Times hizo algunos cambios menores y omitió un párrafo entero. El artículo está restaurado aquí a su forma original, con permiso de la Biblioteca de la Universidad de Harvard.



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